lunes, 27 de enero de 2014

Sobre nuestra alimentación (I)

Decía Hipócrates: “Que tu medicina sea tu alimento, que tu alimento sea tu medicina”.

En los dos anteriores artículos he abordado la formación de las energías nutricia (Rong) y defensiva (Wei), es decir dos de las energías que circulan por nuestro organismo y sobre las que podemos actuar de forma consciente: a través de nuestra alimentación, por tanto hoy voy a comenzar unos artículos en los que abordaré someramente qué ocurre cuando nos alimentamos y las necesidades de nutrientes que necesitamos.

El aparato digestivo es un tubo que comienza en la boca y termina en el ano, a lo largo de ese tubo hay diferentes morfologías y diferentes funciones, hoy hablaré de la primera parte de la digestión.


La boca, es donde se realiza la primera digestión, tanto mecánica como química, todo lo que no hagamos en la boca, habrá otro lugar donde tenga que realizarse, a pesar de no estar diseñado para ello, por lo que la digestión no será tan eficaz e incluso “algo no se hará de forma correcta”. La masticación es la única parte voluntaria del proceso digestivo por lo que es importantísimo realizarla de la forma correcta, pensemos que todo lo que no trituremos en la boca, cuyo diseño está para eso: triturar y mezclar con saliva, tendrá que realizarlo el estómago para que los alimentos se conviertan en una papilla antes de pasar al intestino delgado.

En la boca, además de la trituración de los alimentos, se produce una insalivación que es importantísima para la digestión de los hidratos de carbono (si tenemos seis glándulas salivares, será por la importancia de ellas), pues hay en la saliva una enzima, la ptialina, que hace que se produzca una primera digestión de los hidratos de carbono complejos para convertirlos en azúcares de cadena más corta. La ptialina necesita un medio alcalino para hacer su función, si tragamos los alimentos poco ensalivados, al llegar estos al estómago, se desactiva por el ácido clorhídrico que aporta este para la digestión de las proteínas, y los carbohidratos fermentarán si están mucho tiempo en el estómago produciendo gases.

Para las proteínas, la boca debe desmenuzarlas hasta hacerlas una papilla con el objeto que al llegar al estómago, con poca cantidad de ácido pueda comenzar el proceso de digestión y la pepsina descomponerlas en péptidos de cadena corta hasta llegar a ser aminoácidos, si no las masticamos bien, este proceso se verá enlentecido en la digestión estomacal.

Las grasas, debemos masticarlas bien para que al pasar por el estómago sean también tratadas y pasen rápidamente al intestino delgado donde la bilis actuará sobre ellas para su correcta digestión.

La faringe y el esófago, tienen la labor de servir de tránsito para los alimentos hasta el estómago.

En el estómago, los alimentos se mezclan con el ácido clorhídrico, el moco y la pepsina, siendo esta la encargada de la digestión de las proteínas. La absorción de alimentos hacia la sangre por parte del estómago es muy limitada, mencionar que respecto al alcohol es de un 10% aproximadamente.
Si se ha realizado una correcta masticación, los alimentos estarán menos cantidad de tiempo en el estómago y la digestión será más rápida y eficaz, evitaremos pesadez de estómago, digestiones lentas, gases y la asimilación de nutrientes como las vitaminas hidrosolubles que se descomponen con mucha facilidad, podrá realizarse en condiciones óptimas en el duodeno.

A partir de aquí lo trataré en el siguiente artículo.
Como vemos, es importantísima una buena masticación para que el proceso digestivo se haga con el menor consumo de energía, sea más eficiente y podamos sacar el máximo provecho a los alimentos. Es decir: Sin una buena masticación, es imposible una buena digestión.

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